
Todos tenemos nuestro Minuto de Gloria. Ahora todos tenemos nuestro Minuto de Gloria. Un minuto compartido, triste, al que tememos y odiamos, a la vez que lo amamos y lo esperamos ansiosamente. Puede resultar de él la mayor de las frustraciones o el mejor de los éxitos. Pero, ¿de qué sirve? Es una frustración o un éxito inmediatos y fugaces, principalmente porque ese minuto nos lo han dado, nadie se lo ha ganado. Antes, nadie tenía un Minuto. Tenía Años de Gloria, normalmente. Incluso era recordado después de su muerte. Porque trabajaban para ello. Pero ahora es un minuto; insuficiente, artificial, y dictado. Somos las marionetas que tienen su Minuto de Gloria para vivir en su Felicidad del Algodón de Azúcar. Empalagados y sabiendo que esto les acarreará la Obesidad de la Vida Facilona, pero que está admitida como parte de ese ciclo vital. Cole: casitas/fútbol o raro. Instituto: pasota o pelota. Universidad: follador innato o friki. En una fiesta: ropa pija o guarro. Trabajo: acomodado o vago. Casado o soltero. Niño y niña rubios con ojos azules o hijos heavys. Y después...La Nada.
Para todos aquellos que no entráis en estas clasificaciones. En el cole soñábais con tocar la guitarra, os manchábais de barro y jugábais al escondite cuando el resto decía que eso era para pequeños. Para los que nunca esquivais una mirada a los ojos. Para los que en el instituto o incluso en el colegio no os daba corte decir que os encantaba leer. También para los que eran capaces de hablar con un profesor de algún libro de Nietzsche y luego suspender su asignatura. Para los que son vistos como frikis por ser más cultos o más hábiles en una materia y follan lo mismo. Para el que en la fiesta se viste con la misma ropa que habitualmente y se lía con la novia del niño pijo.
Para todos aquellos que la han visto: el Águila de la Gloria. La Risa de la Locura.
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