Hola, bienvenido a este blog. Espero que disfrutes leyendo estas pequeñas rayadas de un servidor.
Bienvenidos a este blog, ¿literario? Quizás.
Los primeros textos fueron escritos hace bastante tiempo, y es ahora cuando me animo a hacerlos públicos más allá de mis amistades. En ellos figura la fecha de su creación.
Espero que no les guste ni entiendan nada. Saludos.
jueves, 3 de mayo de 2012
La edificante historia de Flabio Josefo 6.02.2011
Flabio Josefo se despertó una mañana, cerca del solsticio de invierno. Una patata apareció en el suelo. La observó, extrañado, mientras su cuerpo continuaba debajo de las sábanas. Parecía que quisiera hablarle. La patata necesitaba comunicarse, y Flabio lo sabía. Si no, jamás se le hubiera ocurrido despertarle. Así que la miró intensamente, ¡casi podía sentir los latidos del corazón de la patata!
Aquello le preocupó: ¿estaré viendo una patata dónde no hay nada, o mucho peor, hay un zapato? Esto le ponía realmente nervioso...además, la patata le estaba mirando. Y él lo sabía, aunque no sabía con qué.
- ¡Maldita patata absurda, deja de mirarme! - gimió, con miedo.
La patata no se movió. Flabio se volvió, aún en la cama. Y entonces comprendió lo que la patata quería. La patata quería la esencia. Quería saberla. La esencia de Flabio Josefo. Y una patata no podía saber su propia esencia antes que él. Entonces decidió matarla.
- Puñetera patata desdentada, voy a matarte. - dijo, y le tembló la voz.
La patata no pareció temerle. Casi parecía que lo suponía cuando se dejo caer de lado, como si quisiera que le hiciesen cosquillas.
Y Flabio se incorporó, se quitó las sábanas de encima, y bajó los pies al suelo, donde le esperaban sus pantuflas. Se dirigió a la cocina donde tenía los cuchillos.
Eligió el de cortar jamón, porque le inspiraba confianza. El resto no estaban del todo bien, parecían tramar algo inesperado, como un baile de fin de curso y no le gustó. Prefirió dejarlos solos y que hicieran lo que quisieran, que ya lo arreglaría más tarde. Cogió el de jamón, que parecía tranquilo.
De vuelta a su habitación, alzó el cuchillo, y el sol proyectó su sombra en la pared blanca. Abrió la puerta y...la patata continuaba allí pidiendo cosquillas y esencias. Así que se agachó, preparado para cualquier ataque de aquella patata esencialista, si bien la patata no hizo ningún amago de atacarle ni defenderse. Hundió el cuchillo dividiéndola en dos mitades. Y entonces, llorando, se la llevó de allí.
Se la llevó a la cocina, y se sintió tan solo, que decidió llamar a su nieto Tomás y hacerle un guiso de patatas. Y las dos mitades hirvieron intactas.
Nota del autor: El historiador romano Flavio Josefo no debe ser confundido con Flabio, el protagonista de esta historia.
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